Porque amamos el fútbol

234 motivos para sonreír

Marzo/2017

234 motivos para sonreír

Mito

-

-

-

Futbol & Pipas

 

Aterrizó en el primer equipo y hacía la misma cara que ahora, siendo hoy ya el mejor del mundo. La fama no le ha cambiado un ápice. Sigue siendo el mismo, más maduro, pero el mismo, la misma esencia, la de aquel que siendo el mejor lo acepta con naturalidad, con la base de la humildad, el cimiento de todas las virtudes. En un mundo con tanto mediocre y estúpido que se cree “algo” cuando no ha llegado a nada, la estampa de Leo multiplica su encanto hasta el infinito.


Recuerdo la primera vez que oí el nombre de Leo, en una de esas tertulias en las que diversos “expertos” divagaban sobre si un jugador que no llegaba al 1,75 tenía posibilidades de arribar o no al primer equipo. Por lo que decían, se trataba de un imberbe con destreza “asesina” a la hora de ejecutar a los rivales.


Al poco tiempo Frank le hizo debutar, primero en un amistoso, y después en partido oficial, en el que Leo nos dio el primer motivo para sonreír, un gol de vaselina a pase de su maestro Ronaldinho. Aquella jugada me ha recordado siempre al gran Pau Gasol, cuya primera canasta en el Palau fue un mate machacando el aro rival. La vaselina y el mate no eran casualidad.


Poco después, uno de los maestros de las doctrinas conservadoras del fútbol Fabio Capello lo enalteció en un amor a primera vista. Uno de los guardianes del orden, intuyó en Leo algo extraordinario. Generaba unanimidad.



Bajo la batuta de Ronnie y Deco, el pibe se fue puliendo y aprendiendo lo que es el vestuario, los códigos internos, y el principio de autoridad. Y en silencio, con los ojos abiertos, Leo aprendía más rápido que todos. Cuando los 2 citados dejaron “Can Barça”, Leo, con veinte “tacos” recién cumplidos, ya estaba preparado para ser el líder del Barça, y el líder del fútbol mundial.


A partir de aquí, se inició la leyenda con forma de epopeya, brindando Leo, con sus escuderos Andrés y Xavi, y bajo la magnífica batuta de Pep Guardiola mas el resto de gladiadores, los mejores 3 años de nuestras vidas, coronadas con 2 Champions en las que no sólo se ganaban trofeos, qué rudo y ordinario, sino los corazones de todos los aficionados al fútbol, el verdadero tesoro o maná. Se ganaba la memoria.


Y poco a poco, iba creciendo su cifra, y de 100 pasaba a 150, y de 150 a 200, y un día la “Pulga” estaba en disposición de superar el récord de César, mito de nuestros padres, y en palabras de mi padre, el mejor rematador de cabeza de todos los tiempos. Y aquel récord que nadie superaría, era superado aquella noche de viento y lluvia contra el Granada en el Camp Nou en la que el Barça se puso a 5 puntos del Real, aquella noche en la que Leo, acabó el partido, con su sonrisa tímida, infinita; aquella misma sonrisa del primer partido, aquella risa, aquellos goles, que nos hacen a todos sonreír. Nuestros “papis” conocieron a Kubala, crack de cracks, pero es que nosotros conocimos a Messi, el mejor de todos los tiempos, aquel que no se cansa de competir, aquel humano que sigue tratando a sus rivales como compañeros e iguales, aquel inventor de ilusiones colectivas, aquel generador insaciable de voluntades coincidentes; el que disfruta, el que ama al fútbol, el deportista, el que se acuerda de sus compañeros, y el que nos ha dado hasta la fecha 234 motivos para sonreír, justo en los albores de su carrera, con 24 años. Sí, con 24 años, sos eterno Lio!... Canela fina.



 



 

charly 2012-03-21 12:06:39

Leo, legend!